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A lo largo del tiempo han existido muchas formas
y estilos para redactar de forma escrita el pensamiento de los
seres humanos y sus puntos de vistas ante determinados hechos o
comportamientos de otros. Por estos comportamientos se puede irradiar
el optimismo, la esperanza y mantener viva la fe, para que otros
se vean beneficiados por tan noble obra en la vida. A veces, esperamos
tanto tiempo para expresar estos agradecimientos, que ya no contamos
con la presencia de quien merece nuestro reconocimiento. Es por
ello que en breves líneas quiero asaltar el tiempo para
expresar el eterno agradecimiento a quien desplazado de aquella época,
de las enseñanzas de San Juan Bosco, ha tenido la influencia
tan cercana de esa educación mediante sus seguidores, en
particular del Rdo. P. Enrique Méndez Norma, S.D.B., que
su modesta obra pudiera llegar a encaminarse como la de Domingo
Savio en las condiciones, de un Güines, de los últimos
cuarenta años.
A partir de la prohibición de la educación
privada, y en particular de la educación salesiana en Güines,
se plantearon varias opciones en dependencia de cada cual en particular.
A grandes rasgos, pudiéramos hacer una clasificación
de que unos tomaron el camino del exilio, otros quedaron en la
Villa del Mayabeque.
Los que tomaron el camino hacia tierras desconocidas,
se vieron en la necesidad de volver a nacer para aprender
otras formas de comunicación y comenzar desde cero, económicamente
y en muchos casos con inmensas deudas, en la nueva forma
de vida, fuera de la Villa. A partir de esa dispersión
por otros lugares, era imprescindible la reunión de todos
los que tenían algo en común: ser oriundos de Güines,
pero en particular, ser EXALUMNOS SALESIANOS.
Los que nos quedamos en la Villa, comenzamos
a experimentar ciertos cambios en nuestros estilos y formas de
vidas, que para los más jóvenes era más aceptable
(por no tener una referencia anterior o experiencia en la vida),
aunque la inconformidad por determinados esquemas sociales pudiera
ser un factor común a todos. Para los mas adelantados
en la edad, los cambios eran mucho más drásticos
y, económicamente (no empezaban en cero), fueron llevados
desde algún valor positivo a cero o hasta valores negativos.
Por ello, a partir de esa variedad de nuevas condiciones, quizás
más hostiles, mantener la fe y desarrollar los valores morales
de la educación salesiana, con el conocimiento detallado
de cada exalumno, residente en el país, con alguna información
referente al mismo, y su preocupación personal con su presencia
física en el reparto de Las Yaguas o en algún lugar
de la capital; o con su oración diaria en la casa o en la
iglesia, hizo posible que un día, después de cuarenta
años de haberse cerrado el Colegio Salesiano San Julián
de Güines, se volviera a reunir un grupo de exalumnos para
mantener viva la Obra de Don Bosco, entre todos los que han bebido
de ese manantial.
Para la misma no se discriminó o diferenció a
exalumnos que no hubieran continuado viviendo en la fe cristiana.
El grupo de esa primera reunión fue muy variado por su composición,
pero
TODOS EXALUMNOS SALESIANOS Y / O FAMILIARES.
La reunión y el grupo pudieron haber
tenido sus imperfecciones o detalles que no le den el calificativo
de perfectos, con el tiempo se han ido mejorando y
organizando, pero... la dedicación y entrega de Renaldo
Curbelo para la continuidad de la obra salesiana en la Villa comenzó,
a partir de esa primera reunión, a dar a la luz (pues se
mantuvo mucho tiempo enquistada y latente) que aún vive
y se proyecta hacia el futuro con el agradecimiento de una BUENA
educación. Unido a este calificativo, la dedicación
de Naldo fue MUY BUENA, quizás no fue
PERFECTA, porque es un ser humano como nosotros, pero... (Con permiso,
Naldo, préstame algo de tus momentos de típico humor curbeleano)
me gusta el calificativo de BUENO, porque LO
PERFECTO CONSPIRA CONTRA LO BUENO. |