Escudo del 
Colegio Salesiano 
"San Julián" 
Güines   EXALUMNO: 
Organo oficial de la Asociación 
de Antiguos Alumnos 
del Colegio Salesiano "San Julián" 
Güines, Habana, Cuba  
    

Farmacia Curbelo

Dibujo hecho por Pedro “Coqui” Martín, dibujante güinero

LA MEMORIA EXPANSIVA DEL DR.CURBELO

Jadir Hernández

A mediados de los años 90, mi primo y gran amigo, el Dr. Alberto Hernández, comenzó a insistirme para que lo acompañase a visitar a una persona que él había conocido días antes y le había impresionado mucho.

En uno de esos densos días que se ciernen sobre Güines cada verano, accedí a hacer la visita, probablemente porque no tenía otra cosa que hacer, aunque también sentía curiosidad por conocer a este individuo de apellido Curbelo, después de escuchar tantas disertaciones de mi primo sobre todas las cualidades y virtudes que, según él, encarnaba tan ilustre personaje. El Dr. Curbelo nos abrió la puerta y nada más verme me soltó a boca de jarro:

– Tú me recuerdas a alguien. ¿Eres familia de Jesús Hernández, ex alumno del Colegio Salesiano “San Julián”?

– Soy el hijo menor de un Jesús Hernández, aunque no sé si será la misma persona que Ud. me dice, le respondí medio cortado. Entonces nos cedió el paso, no sin antes decirle a mi primo Alberto:

– Este muchacho no sabe que lo conozco desde que nació. La nariz de Jesús es única y una marca de fábrica en los descendientes de su abuelo “Cosita”... pero toma asiento, estimado Jadir, ¿o es “Joder”? Ya me ha dicho tu padre que eres un poco revoltoso. Hace tiempo que quería conocerte.

Intrigado, decidí sentarme, todavía con la sorpresa de que alguien desconocido para mí, minutos antes, tuviese tanta información acerca de mi familia y de esa manía de algunos en llamarme “Joder”. No creí necesario aclararle que me llamo Jadir. Curbelo evidentemente sabe jugar con las palabras.

Después de conversar durante un buen rato, siguió impresionándome. Me enteré de que mi padre visitaba a Naldo casi todas las semanas, se sentaban casi siempre en el mismo banco de la iglesia y compartían muchas amistades desde los gloriosos días del Colegio Salesiano, entre ellas, una profunda relación con los padres Méndez y Homero. De su memoria enciclopédica extrajo tanta información sobre mi propia familia y del pueblo en general, que me dio pena decirle que estaba descubriendo con él lo que los cubanos llamamos “el agua tibia”, temas que mí padre, al parecer por considerarlos obvios, no había conversado antes conmigo.

El Dr. Curbelo disfrutando de una refrescante bebida. Julio de 1996.

Tanto en la primera como en las posteriores visitas que hice al Dr. Curbelo, nunca dejó de impresionarme cómo el tiempo y la memoria parecían haberse detenido en su modesta residencia. Las paredes y el techo de tabloncillo parecían acabadas de pintar. Por doquier colgaban retratos de los padres de Naldo, de él en su juventud y también muchas imágenes religiosas, las cuales presidía un imponente óleo del “Sagrado Corazón de Jesús”. La paz espiritual y la tranquilidad que se respiraba en la casa, en mi opinión, podía emular con cualquier monasterio medieval y, lógicamente, también me remontaba al Güines que añoran las personas maduras,: la Villa que no pude conocer, el pueblo tranquilo, bien cuidado, en plena prosperidad y esplendor. Pero de Naldo Curbelo no sólo me impacta su amabilidad y sentido del humor hacia todos, su calma contagiosa y sus vastos conocimientos en historia del Municipio y de todas las artes en general, específicamente la música clásica y el ballet. Para mí es ejemplo de la persona humilde que tuvo que aceptar las reglas impuestas en Cuba a partir de 1959. Vio cómo le arrebataron su farmacia y decidió seguir trabajando en ella, sin aceptar ninguna prebenda de los nuevos propietarios del país.

Nunca aceptó dirigir la botica que había perdido y prefirió prestar sus servicios de manera anónima, como un empleado más, sufriendo al verla deteriorarse día tras día, hasta quedar apuntalada por varios troncos negros que apenas pueden sostener lo que queda del edificio.

Una vez le pregunté a Curbelo porqué no escribía sus memorias. Me contestó que le bastaba con tener su casa llena de recuerdos. No quería hacer un libro porque ya le conocían bastantes personas, así que podía decir que su memoria era como una bomba expansiva, que impactaba a muchos que le frecuentaban. Naldo sabía que su mensaje no se dispersaba en vano, porque según me decía, parodiando a Borges: “La memoria tiene dos caras como las monedas”. “Yo estoy seguro de que todos mis amigos ya eligieron el escudo”. Después de vivir casi medio siglo bajo el comunismo, casi todos los güineros conocen al Dr. Naldo y siguen identificando “La farmacia de Curbelo”, un homenaje que brindan, a veces de manera inconsciente, a la familia que por varias generaciones ha sido uno de los pilares más fuertes de La Villa del Mayabeque, otra demostración inmortal de la memoria expansiva del doctor Curbelo.