Escudo del 
Colegio Salesiano 
"San Julián" 
Güines   EXALUMNO: 
Organo oficial de la Asociación 
de Antiguos Alumnos 
del Colegio Salesiano "San Julián" 
Güines, Habana, Cuba  
    

1958

 

1959

En el verano de 1959 se construyeron la sala destinada a laboratorio de Ciencias y dos nuevas aulas en el segundo piso del edificio.

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En el 1959 algunos grupos del nivel primario efectuaron paseos y jiras, tanto a La Habana como a los alrededores de la Villa. Esto dio continuidad a una forma de expansión que no había podido tenerse en los últimos años, debido a la situación política del país.

Los alumnos de los dos años superiores de bachillerato organizaron en el verano de 1959 varios paseos a la zona del Ojo de Agua de Catalina (Ojo del Miguelito) y a los lugares aledaños. La belleza y soledad agreste de esa zona, pródiga en rumorosos palmares y densa vegetación tropical, como también las fuentes del Mayabeque, cuya clara corriente forma en esos parajes profundos remansos, ofrecían el marco ideal para los mediodías y las tardes de verano. Otras características de ese tiempo del año eran las horas soleadas, un cielo unas veces azul y otras surcado de grises galopadas de nubes, así como los momentáneos aguaceros que, como dice Coloma de los de Andalucía, “duran en aquel alegre cielo lo que un gesto de cólera en el rostro de un niño.”

El objetivo fotográfico perpetuó varias de esas inolvidables escenas en medio de la exuberante campiña cubana.

El domingo 14 de junio de 1959, un grupo integrado por Enrique Alejo, Luis Bin, Mariano Domínguez, Jesús y Joaquín Hernández, Antonio (Tony) Hernández, José Manuel López, Lázaro Naya, Manuel Pérez, Carlos y Manuel Taracido, José Antonio Valeri y Kelvin Zervigón pasaron gratas horas de esparcimiento en los mencionados sitios. Les acompañaron el Padre Méndez, Luis Borges, conserje del Colegio, quien atendía la seguridad personal en el río de los miembros del grupo, y el chofer René Gouthman.

Otra excursión semejante a la anterior fue la realizada el miércoles 29 de julio, en la que el conjunto de participantes presentó ligeras variaciones—Enrique Alejo, José Armenteros, Juan Ricardo Díaz (Richard), Mariano Domínguez, Rogelio Domínguez, Lázaro Guerra, Jesús y Joaquín Hernández, Tony Hernández, Manuel Pérez, Pedro Pérez, Juan Antonio Simón, Carlos y Manuel Taracido y José Valeri. Con ellos estuvieron también esta vez el Padre Méndez, Luis Borges y René Gouthman.

Antes del llegar al Ojo de Agua, pasaron por Villa Gloria, pintoresca propiedad, en la que el Mayabeque engrosa su caudal con varias corrientes colaterales, antes del encuentro con su principal afluente, el río Mampostón. Esa bella y bien cuidada finca, en otros tiempos propiedad de la familia Gómez Mena, ofrecía, además, otros atractivos que resultaban característicos de un pequeño lago interior, de claridad de cristal, con numerosos manantiales en su fondo, como también con puentes y glorietas a su alrededor; plantas exóticas; una quinta elegante y señorial, cercana a la carretera que unía a Güines con la población de Catalina; amplias tierras cultivadas y guardarrayas de palmas reales, nota típica del paisaje cubano.

En el viaje de regreso, los participantes visitaron, en la población de Catalina de Güines, el establecimiento del padre de uno de sus compañeros de estudios, Manuel Alvarez Tápanes, quien les dispensó generosa acogida, ofreciéndoles dulces y refrescos, muy apetecidos al cabo de una tarde de campo.

Estas ocasiones de espontánea convivencia y juvenil alegría, en medio de una naturaleza de esplendidez tropical, contribuyeron a fortalecer los lazos de fraternal amistad de esos jóvenes estudiantes, que vencería el paso del tiempo y la dispersión impuesta por los adversos acontecimientos que se aproximaban.

La anterior descripción de la zona irrigada por el Mayabeque, puede tener como final y resumen la estrofa que aparecía grabada en una placa de bronce, en el dique del Compartidor:

Pupila rota, cristal
de mojada serpentina,
Hijo Azul de Catalina
dado a mi pueblo natal.
Hacia un abrazo de sal
estiras tu rica vena,
y más allá de la pena
que grita la guardarraya,
en los brazos de una playa
mueres de sol y de arena.
– Francisco Riverón

En el verano de 1959, numerosos alumnos de segundo y tercer año de bachillerato visitaron, en diversos paseos, el Colegio de Belén, la Universidad Católica Santo Tomás de Villanueva y el parque de diversiones llamado Coney Island, en La Habana.

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