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Padre
Francisco Quintero Cabo, S.D.B.
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Si toda muerte es humanamente dolorosa,
lo es mayormente la de un sacerdote de las virtudes
y del servicio del P. Quintero. Pero, si en toda partida
de la tierra, a los cristianos nos ilumina la luz
de la esperanza, ese resplandor brilla con particular
brillantez en una muerte como la del P. Quintero.
Nació en Matanzas, el 17
de Septiembre de 1916, en el seno de una familia cristiana
que fuera bendecida con el advenimiento de tres hijos.
Fueron sus hermanos, David y Josefina. En su ciudad
natal, aún muy joven, trabajó como enfermero
en la Colonia Española. Manifestó siempre
gran sensibilidad a la fe y a lo espiritual.
Por invitación de Juan Francisco
Alfonso Valladares, colaborador del P. Savani en el
establecimiento de la Obra Salesiana en esta parroquia,
visitó el seminario salesiano de La Habana
y poco después, en el 1937, ingresó
en él. Emitió sus primeros votos en
la Sociedad Salesiana en 1940. Los difíciles
años de la Segunda Guerra Mundial no lo permitieron
realizar sus primeros años de estudios eclesiásticos
con la secuencia normal, aunque sí los cumplió
enteramente.
Joven salesiano, fue personal de
las casas salesianas de Camagüey y de Guanabacoa.
En Camagüey inició sus estudios teológicos
y los prosiguió en Newton, New Jersey y en
Aptos, California. Recibió la Ordenación
sacerdotal en la Ciudad de México, el 23 de
Diciembre de 1950. Ordenado por el Obispo Salesiano
Mons. Piani, quien era entonces Representante del
Pontífice Pío XII ante la Iglesia Mejicana,
celebró su primera misa en la Basílica
de Nuestra Señora de Guadalupe.
Vuelto entonces a Cuba, desempeñó
su ministerio sacerdotal en diversas obras salesianas,
sucesivamente en Güines (1950-1953), La Habana,
Santiago de Cuba, en su ciudad natal de Matanzas y
de nuevo en la capital cubana
En 1958 fue destinado a Puerto
Rico en los momentos en que se edificaba el Santuario
de María Auxiliadora de Cantera. Fue entonces
mano derecha del Padre Juan Ríu en tan abarcadora
iniciativa. En Cantera permaneció por largos
años, quizás hasta la década
de los años 80, cuando fue destinado a Cataño.
Algún tiempo después
la obediencia religiosa lo trajo a esta Parroquia
de Calle Lutz. Tras algún tiempo de permenencia
fue destinado a la Parroquia de Cristo Rey en la ciudad
de Santo Domingo. Allí se entregó de
lleno a la labor pastoral, especialmente en la administración
del sacramento de la Reconciliación y a la
dirección espiritual.
De regreso a esta Parroquia, labora
con ahínco en la atención espiritual
de los fieles, aunque sus años de la ancianidad
se hacían ya sentir. En sus últimos
tiempos fue cuidadosamente atendido por las religiosas
de Santa Teresa de Jornet, en cuya residencia, confortado
con todas las ayudas de la fe, partió al encuentro
del Señor.
El Padre Quintero fue un sacerdote
sencillo y humilde, íntegramente entregado
a la atención de los pobres y de los enfermos.
Fue un hombre activo, de gran capacidad de trabajo.
Parecía no haber conocido el cansancio.
Una de sus características
fue la atención a la dirección espiritual
de los fieles y su dedicación al sacramento
de la reconciliación. No era infrecuente verlo
transcurrir largas horas en este ministerio.
Su devoción a la Madre del
Señor fue profunda. De ello fueron muestras
sus repetidas visitas a Medjugorie, ya en sus años
de ancianidad, y su empeño por extender el
amor a Santa María a los corazones de las personas
que se le aproximaban.
Fue un sacerdote de oración
y de gran espíritu de servicio.
Transcurrió en su patria
de origen, Cuba, ocho años de su vida sacerdotal,
y 44 años en Puerto Rico.
En él se cumplieron a cabalidad
las palabras de me ungió para evangelizar
a los pobres, por su caridad, su afán
por ayudar al desvalido y por asistir al menesteroso.
Y también las otras para poner en libertad
a los oprimidos por su constancia en la administración
del sacramento del perdón. Además, su
devoción a Santa María, ha sido para
él camino de vida eterna
Tras una vida de tanta entrega y
de tan honda caridad, él ciertamente habrá
oído las palabras del Divino Redentor; Ven,
siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu señor.
El P. Francisco Quintero falleció
en Cupey, Puerto Rico, en el Hogar Santa Teresa
Jornet(Pabellón de Sacerdotes), el Martes,
1 de Octubre de 2002, y fue sepultado en el Cementerio
Porta Coeli de Bayamón, P.R., el siguiente
Jueves, 3 de Octubre. A su funeral asistió
el Provincial Salesiano de las Antillas, P. Angel
R. Soto, residente en Santo Domingo, R.D. Participaron
numerosos sacerdotes y fieles. La Misa exequial tuvo
lugar en la iglesia de San Juan Bosco de Villa Palmeras,
Santurce, P.R. El P. Enrique Méndez, S.D.B.
pronunció la homilía fúnebre.
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