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Entonces fue nombrado director el
Padre Enrique Méndez Norma, quien como clérigo,
ya había estado en Güines, y logró
conducir al Colegio por los caminos que necesitaba,
engrandeciendo así su labor y su prestigio.
Hombre de clara inteligencia, profunda cultura y vocación
invencible, acometió enseguida la tarea de
abrir la sección de Bachillerato, ensanchar
los cursos de Comercio y buscar los mejores colaboradores
para que estos estudios superiores respondieran a
las exigencias de los programas oficiales. Pero para
todo lo anterior urgía una ampliación
del edificio y, sin desatender lo docente, emprendió
también la construcción de nuevas aulas,
fomentó el museo de Historia Natural, se equiparon
los laboratorios de Física y Química;
la residencia de la comunidad salesiana vio aumentada
sus instalaciones y se puso la primera piedra de la
hermosa y moderna capilla, cuya inauguración
tuvo lugar en tiempo récord, ya que nunca le
faltó el respaldo más entusiasta de
la sociedad güinera, que vela en él al
director cabal, al intelectual riguroso, al hombre
de acción y al sacerdote bondadoso y sencillo,
capaz de percibir todas la situaciones y de darle
a cada una de ellas la solución adecuada en
ámbito de la más exquisita caridad.
En este período se celebraron
animados eventos deportivos que, unidos a la docencia,
permitían cumplir con el viejo precepto: Mens
sano in corpore sano.
El Colegio avanzaba con paso firme
y Güines miraba complacido este progreso en todos
sus aspectos, pero ya se sabe que la Historia es
lo previsto por Dios y lo imprevisible para el hombre.
Así, pues, finalizando el mes de abril de 1961,
cuando estaban próximos a graduarse los primeros
bachilleres, entra en vigor una ley del gobierno comunista
que dio al traste con todos los afanes de un cuarto
de siglo de tenaz y fructífera actuación
de los Padres Salesianos en la Villa de San Julián
y San Francisco Javier de los Güines.
La desaparición del Colegio
San Juliáncomo la de todos
los demás colegios religiosos de Cubaprivó
a las nuevas generaciones de una enseñanza
integral. Y, cuando esto sucede, la cultura y la moral
pagan las consecuencias. Dejemos a la Historia, maestra
de la vida, emitir la última palabra.
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